La nanotecnología brinda la oportunidad de mejorar los alimentos que comemos, hacerlos más sabrosos, más saludables y nutritivos, pero se sabe poco acerca del comportamiento de las nanopartículas en el cuerpo y los de efectos nocivos que podrían traer.
La nanotecnología se utiliza, entre otras muchas forma, para aumentar el sabor y la textura de la comida, para reducir sus contenidos grasos o para encapsular nutrientes, como vitaminas para que no se degraden durante la vida útil del producto. Adicionalmente, se pueden emplear nanosensores para fabricar envases que conserven los productos frescos por más tiempo y que proporcionen información al consumidor sobre el estado de la comida.
Sin embardo, agregar nanomateriales a los alimentos no está ajeno a riesgos. Debido a su pequeño tamaño, “los nanomateriales pueden atravesar el epitelio del intestino y entrar en el torrente sanguíneo. Así pueden llegar hasta órganos secundarios y acumularse en ellos”, según Hermann Stamm, del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea.
Los ensayos con animales han confirmado que las nanopartículas pueden terminar en las paredes del intestino. Sin embargo, aún se necesita investigar más sobre cual es el movimiento de las nanopartículas en el cuerpo humano y que análisis deberían realizarse para determinar su toxicidad. También hace falta determinar cómo estas partículas son absorbidas y expulsadas del cuerpo y como se desplazan.
Pese a que en Europa no se comercializan nanoalimentos, muchos de ellos pueden adquirirse por Internet. Las personas podrían estar comprando productos que aún no se han sometido a un análisis científico riguroso, motivo por el cual es necesario ampliar el debate sobre los beneficios y desventajas de las nanotecnologías y los nanoalimentos, que potencialmente podríamos estar consumiendo sin saberlo.

0 Respuestas a “Los nanoalimentos quieren ver la luz”